El campeón del mundo ha de ganar
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La palabra ganar es la clave del futuro del equipo campeón del mundo de tenis: ése es el título oficioso que consigue el vencedor de la Copa Davis. Los fuertes egos de quienes juegan este machacante deporte individual hacen difícil conciliar el tenis con el concepto de equipo. Resulta difícil incluso conjuntar un doble. Y los mejores dobles, salvo excepciones históricas (McEnroe-Fleming, Gisbert-Orantes) agrupan a jugadores no demasiado destacados o casi anónimos en el circuito individual: los hermanos Bryan, Knowles-Nestor, Black-Ullyett... Ese es un problema adicional a la hora de escoger un equipo de Davis: cuando se tira de un doble puro, como el de los Bryan, te quedas sin recambios para los dos individuales. Y es una de las razones por las que el G-3 apostó por el dúo Robredo-Nadal: por versatilidad y capacidad de desdoblamiento. Algunas federaciones con muchos buenos jugadores, como EE UU (que insistirá con Agassi) ya buscan la apertura de la lista oficial definitiva a cinco jugadores, con todos los derechos para el quinto.
El punto tenso del Equipo España es precisamente esa profundidad de efectivos o unidades de combate... individual. En el equipo campeón de la Davis 2004 sólo hay un jugador del título de 2000: Ferrero, cuyo peso en la final ha sido testimonial, aunque sí contó en la ruta hasta Sevilla. En uno u otro momento, las justas elecciones del G-3 han ido picando a Robredo, (segundo español en el ránking mundial, tras Moyá), el mismo Ferrero y, anteriormente, Albert Costa, cuya exclusión de la final 2003 en Australia le enfrió con su técnico de entonces, Perlas (G-3). Hay casi tantas dudas como jugadores, pero mientras se gane...




