Yo digo M. Á. Santos

Laportianos y sandristas (capítulo 2)

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El pulso entre las facciones de la directiva del Barcelona, lideradas por Joan Laporta y Sandro Rosell, respectivamente, está viviendo otro capítulo más de guerra larvada entre los dos pesos pesados del establishment culé (...) El pulso tendrá continuidad hasta final de temporada. Ya lo verán". Esto, permítasenos la pedantería, lo escribió un servidor de ustedes el pasado 5 de noviembre. No es que descubriese nada nuevo bajo el sol que calienta la zona noble del Camp Nou, pero lo escribí. Y lo suscribo. Tanto más ahora, cuando el desencuentro entre laportianos y sandristas (como titulé entonces) es casi vox populi.

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Los últimos acontecimientos han acabado por precipitar la tensión entre dos amigos que compartieron equipo (jugaron juntos en el Sant Andreu) y a quienes las últimas elecciones a la presidencia del Barça lanzaron, casi sorprendiendo a la misma empresa, al estrellato mediático. De ser uno abogado y el otro ejecutivo de Nike, Jan y Sandrusco pasaron a ser presidente y vicepresidente (el más poderoso) en la nueva directiva culé. Y, a partir de ahí, el nexo que les unía (la oposición al legado nuñista, al gaspartismo finisecular) se fue desgastando conforme los conflictos en la cúpula directiva del club se sucedían.

Lo ocurrido con Valero Rivera en la dirección de las secciones de la entidad fue un precedente, pero la clave de bóveda ha sido siempre el tema de los fichajes. Sandro Rosell ha visto reducidas sus competencias (Laporta se inspira en Johan Cruyff), a pesar del éxito con Ronaldinho y los otros brasileños. El bonapartismo del presidente (voto a Villar en las elecciones a la FEF) ha sido la gota que colma el vaso.

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