Un Levante con mucho arte...

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Desde que fichó a Pedja Mijatovic en el año del Centenario del Real Madrid, este atrevido Levante de La Bestia de Ébano (Ettien) es mi segundo equipo (gran Guasch, espero que me perdones). Fue fantástico comprobar cómo al término de la temporada pasada muchos valencianos (que no valencianistas) se lanzaban a la Plaza de las Cuatro Estaciones para recordar a sus encopetados vecinos de Mestalla que les iba a tocar lidiar con los granotas en igualdad de condiciones. Al menos, de categoría. Y así fue. Pedro Villarroel, un presidente que se deja llevar por su instinto para construir equipos con continente y contenido, dio formato junto al alemán de oro a un Levante que juega bien al fútbol, que busca siempre la portería rival y que hace del balón un aliado, no un molesto enemigo. Dicen que Schuster renunciará hoy a su manual de ataque para sacrificar a Manchev y blindar a Mora con cinco defensas. Seré un incrédulo (como mi tocayo del santoral), pero me parece un farol de Bernardo. Iker, ojo...
Hace sólo unos semanas disfruté viendo al Levante en puestos de Champions... ¡muy por encima del Valencia de Ranieri! Me consta lo que ha sufrido durante 40 años esa afición cansada de ser el patito feo de una ciudad que los tenía marginados. Creo que merece más respeto el último equipo español en el que jugó un tal Johan Cruyff. El aire fresco de este Levante nos viene bien a todos. Eso sí, el Bernabéu es una plaza en la que nunca mojó y no debería perder la ilusión por una derrota ante este Madrid derechizado de Beckham. Un amigo, por decir algo, me telefonea y me amarga el sábado: "¿Y si sale Congo en los últimos minutos y os mete un gol?". Anda ya...



