Rijkaard y García Remón, dos valientes
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Rijkaard y García Remón, dos escuelas diferentes con lugares comunes. El holandés nace, crece y se desarrolla bajo la escuela del buen gusto del Ajax. Ya de jugador fue un ejemplo de fútbol en vertical, rápido de reacciones y, sobre todas las cosas, alegre. Y ha preservado el concepto durante su etapa como entrenador. Ha buscado, no sin esfuerzo y ciertos laberintos, un Barcelona definido, personalizado, atractivo y volcado sobre la portería contraria. Y le ha entregado la joya a Xavi, un valor emergente, orgullo de Can Barça, con capacidad indudable para poner música a las genialidades de Ronaldinho, Etoo, Larsson y compañía. Está claro que Rijkaard apuesta por el espectáculo, por el buen trato del balón, el trabajo de equipo sin coaccionar el talento individual. Este es el lugar común con García Remón, el entrenador de éxito con el que nadie contaba.
Mariano también se apunta a la pizarra del espectáculo, pero ha llegado a esta conclusión por fuerza de los hechos. Ha sido pragmático: "Si tengo a los mejores del mundo, no hay una razón para especular". Y tras algunos tanteos titubeantes después del 'trauma Camacho', se lanzó al ruedo García Remón poniendo en campo a lo mejorcito, al once de los 'Balones de Oro', del cual no se apea actualmente más que en Owen, porque no le encuentra sitio de salida. Pero la filosofía de este Madrid pujante es inequívoca, con un progresivo éxito que tocó techo en el 6-1 al Albacete. Llega hoy el día de la verdad. Rijkaard y García Remón no se arrugan. Van a la lucha con todo lo mejor de la casa por delante y aquí radica tanto la vistosidad del partido como la indefinición del resultado. Desde el banquillo la consigna está clara: es un partido para valientes.



