El diván de la vulgaridad
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No me vale el empate de última hora de Colsa. Este Atlético baja cada día más su nivel futbolístico y cada día más esa plantilla necesita sentarse en el diván para huir del fantasma de la vulgaridad que se ha apoderado de este vestuario. Hasta a Fernando Torres se le nota en un estado de ansiedad propio de su lucha semanal contra los melones que le envían sus compañeros para que llegue su genialidad salvadora. Los rojiblancos pueden presumir que son el único equipo de Primera que no sabe a qué juega. Salvo la seguridad de Pablo Ibáñez y Perea y la mano salvadora de Leo Franco en el último minuto, el resto es para olvidar. Aguilera fue el único que supo sacar petroleo por la derecha. Lo del centro del campo fue un auténtico disparate.
Los rojiblancos están a la caza y captura de una identidad propia. Necesita el líder que asuma los galones en el centro del campo y que genere algo de fútbol. La presencia de Ibagaza y Luccin es más que necesaria. El Atlético es una entidad que lucha por ocupar su puesto entre los grandes y que no puede acogerse al recurso de la pelea y la entrega. Se le tiene que pedir un poquito de calidad, cosa que no sucede en los últimos partidos. Ferrando debe dejarse de tocar tantos palos y sacar un once que muera con sus ideas de toque y explotar arriba la velocidad del Niño. Tres puntos en los últimos tres partidos es un dato claro de que algo no funciona. Hasta ahora la suerte es un buen aliado, pero como cambien las cosas, va a llegar la época de los sustos gordos.




