Que lleguen los refuerzos
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Hasta que a García Calvo le dio por meter el zapatazo, allá por el minuto 117, todo fue un martirio, un Atlético espeso, sin cerebro ni juego. Los mismos males de los últimos partidos. Y como Ferrando no encuentra la varita mágica para arreglar el centro del campo ni las bandas e insiste con Sosa-Colsa y Novo-Musampa-Nano, pues tenemos más de lo mismo: un horror de equipo que no sabe ni por donde anda. Y no digo yo que este Atlético no tenga carácter, que lo intentan y se afanan, y lo que ustedes quieran, pero es que no dan cuatro pases seguidos con sentido. Y si el Niño anda por delante, siempre se puede esperar que se invente algo él solo contra el mundo. Pero ayer, sin el Niño, que se quedó en Madrid, no quedaba ni esa esperanza.
El Atlético, entre sufrimientos, bostezos, nervios y mal juego, puede presumir de ser uno de los ocho primeras que siguen en la Copa. Y algo es algo, que por este camino se puede llegar a Europa. Pero para conseguirlo hará falta que este equipo rectifique y se encuentre a sí mismo. Y que Ibagaza y Luccin tomen de una vez la batuta, y que llegue alguien que sepa desbordar por las bandas, y que a Ferrando se le enciendan las luces que parece que se le apagan. Llegó con mucha fuerza y da la impresión de que se nos desinfla como este equipo, que entra llorando en octavos y que tiene síntomas de enfermo. El zapatazo de García Calvo es un espejismo, que no puede servir para tapar los males de este Atlético que necesita refuerzos por todas partes. Y ya.



