El mejor ojo clínico en toda la NBA
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Cuando Jerry West apueste por alguna cosa en baloncesto, háganle caso: suele acertar. La figura silueteada de este hombre botando el balón es el logotipo oficial de la NBA. Jerry no es Dios (eso queda para Jordan), pero tiene algo de hechicero o druida. Además, cosa bastante extraña, West acostumbra a decir la verdad. Es tan pasional y vive tanto lo que hace, que una mentira se le notaría demasiado. Así, cuando la intelligentsia mundial del baloncesto en este país daba a Gasol como traspasado a Portland, en 2003, Jerry replicó así de contundente, en Valencia: No hacen más que preguntarme por eso, y no sé de dónde lo han sacado. Lean en mis labios: Gasol no va a ser traspasado mientras yo dirija las operaciones en los Grizzlies. Y Gasol seguirá jugando con su equipo nacional mientras él lo desee. Lo penúltimo que sabemos es que Jerry ha cumplido (y pagado) su palabra religiosamente. Y ha recontratado a Gasol en Memphis por casi 87 millones de dólares, hasta el año 2011.
Este Jerry tiene el mejor ojo clínico en la NBA. En el ojeo de talentos, sólo se le podría comparar otro Jerry: ese gordito malvado Krause a quien Jordan maldecía en los Bulls y que ahora ojea... béisbol. El ojo de West le hacía enchufar suspensiones prodigiosas, con los Lakers y con los All Stars. Ese ojo guió su mano a mecer la cuna de la NBA en sucesivos movimientos sísmicos: los fichajes de Magic, Worthy, O´Neal, Kobe Bryant: reconstrucciones y títulos para los Lakers. Vean cómo los Celtics no ganan desde 1986, desde Bird. West se fue de Los Angeles cuando olió a pólvora. Y creó un nuevo poder en Memphis. El poder de Pau. Creed en Jerry.




