Yo digo Víctor Fernández

Una bala en el cargador

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Joaquín Caparrós recuperó el año pasado una bala que aún no ha explotado suficientemente. El técnico solicitó personalmente su fichaje. Carlitos no lo dudó y regresó al equipo de su vida. Sin embargo, por esos misterios que rodean al fútbol, aún no ha apostado por él. La campaña pasada prácticamente la pasó en blanco, excepto en el tramo final, donde demostró que a Carlos aún le queda bastante recorrido. Muchos pueden ver en él a un jugador acabado, pero se equivocan. El problema, si puede considerarse así, es que debutó muy joven. Lleva diez años jugando al máximo nivel, pero sólo tiene 28 años. Una edad de oro para regalar mucho fútbol. En Mallorca ganó una Copa del Rey y una Supercopa. Jugó otra final más de la Copa, participó tres años en la UEFA y una campaña en la Champions. Su currículum habla muy bien de él.

En Mallorca dejó una gran huella, pese a tener que jugarse el puesto con gente tan importante como Etoo, Pandiani, Tristán o Luque. Ahora, por motivos desconocidos, se ha encontrado las puertas cerradas. Caparrós lo mantiene en un segundo plano, algo que inquieta al sevillano. Carlos se siente fuerte y quiere aprovechar los años de fútbol que le quedan. La velocidad que lleva en sus piernas le impide ver los partidos desde la grada. Gregorio Manzano, que lo conoce bien, quiere hacerse con él. El Sevilla no pondrá facilidades, pero la bala quiere volver a salir disparada en un campo.

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