Yo digo Alejandro Delmás

Hay que ver a Van Gogh

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
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Dénse prisa los que quieran ver torear a Juan Belmonte, anticipó Rafael Guerra, Guerrita, califa del toreo cordobés. Lo dijo en vista de los insólitos riesgos que Belmonte tomaba. Pero a Belmonte, que toreaba tan cerca porque había aprendido de noche, casi sin luz y en las dehesas no lo mató un toro: él mismo se retiró de la vida en 1962, pegándose un tiro, cuando se vio inútil en el campo del amor. Dénse prisa los que quieran ver jugar a Andre Agassi, en su momento el Van Gogh del tenis mundial. Andre no se va a suicidar, como Belmonte o Van Gogh. Pero sí se va a retirar. Muy pronto.

Aquí, en Madrid, está el único tenista del circuito ATP que ha ganado los cuatro torneos del Grand Slam. La obra maestra de Nick Bollettieri (pégale a la bola todo lo fuerte que puedas, jamás des un paso atrás...), el irritante punk que en los años 80 desquició a los locos más geniales, a John McEnroe (es muy fácil salir a la pista a hacer el patán, dijo de él), o a Jimmy Connors (le perseguiré hasta la puerta de su casa en Las Vegas). Pero que sufrió seis palizas seguidas bajo el látigo de acero que Iván Lendl tenía en la derecha. Ya en los 90, cuando el sol se ponía para Iván El Terrible, Agassi le pudo arañar un par de partidos a Lendl. Reporteros geniales como Curry Kirkpatrick escribieron cosas maravillosas al conjuro de Andre. Ahora, sin pelo, es el buen padre de Jaden Gil y Jaz. Y un poco el señor Graf. Dénse prisa para verle en el Rockódromo: este Van Gogh se nos va.

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