La segunda juventud de Luis
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Llevan razón los que dicen que a Luis le medimos con otro rasero. Sus dudas para un once, el mal juego y lo de Reyes hubieran tenido mayor castigo crítico si lo hace otro. Pero, pese a todo, nos gusta su forma de entender el fútbol. Aquí, en Lituania, he encontrado a un hombre reflexivo, casi atribulado con la responsabilidad. Al tiempo, he descubierto al Aragonés de hace treinta años, el que se comía el mundo y sacaba en el banquillo todo lo que el fútbol le enseñó como jugador. Sabe qué busca pero no da con el cómo. Está convencido de la potencia de nuestro fútbol pero duda sobre si será capaz de explotarla.
Quiere confiar en veteranos a los que no se discute, y a partir de ahí consolidar un bloque con los que lo han ganado todo en categorías inferiores. Quiere la rudeza de Alemania cuando maneja resultados, a favor o en contra, pero también la mentalidad ofensiva de Brasil y la competitividad de Argentina. Sus miras son tan largas que el partido de hoy lo ve como la oportunidad encarrilar la clasificación y trabajar hasta el mínimo detalle la fase final del Mundial. Si no resultara presuntuoso, diría más veces eso de que España puede ser campeona del mundo en dos años. Pero se corta. Entre otras cosas porque la historia juega en nuestra contra.




