Urdangarín no lo tiene fácil
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La sucesión en el Comité Olímpico Español (COE) no se vislumbra tan serena como parecía haber sido diseñada desde las alturas. Urdangarín entra primero como miembro, luego se le asciende a vicepresidente y cuando se vaya Echevarría, presidente. Presidente, además, por aclamación. Estaría feo que alguien de la Familia Real se sometiera a votación. La verdad es que Urdangarín cumple todos los requisitos para ser un magnífico presidente: ex deportista, medallista olímpico, culto y, desde su matrimonio con la infanta Cristina, miembro de la Familia Real. Entraría, además, en el Comité Olímpico Internacional que tanta falta nos hace. Bueno, pues el momento ha llegado: Echevarría dejará la presidencia en septiembre.
Pero resulta que ahora no está todo tan claro. A los presidentes de federaciones, que son quienes de verdad mandan en el COE porque tienen la mayoría de los votos, no les ha sentado nada bien el mensaje que les llega de que Urdangarín no debe tener rivales para la presidencia por su condición real. Los presidentes no es que sean republicanos; en Urdangarín encuentran buenas condiciones para que sea presidente, pero lo que no admiten es eso de que tenga que serlo por aclamación. Se resisten a ser sus siervos y si para evitarlo tienen que presentar un candidato, lo presentarán. En el deporte ellos se sienten soberanos y sólo se les podrá convencer con el consenso y con la presentación de un buen equipo y programa.




