El glamour de Torres no tiene precio
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Abramovich está loco por Torres y mi hermana también. Aunque ustedes crean que este comentario es una frivolidad más en mi cuenta y que no viene al caso, esta vez se equivocan. Las cualidades futbolísticas del Niño son excepcionales y ya las hemos comentado tanto que no les molestaré con ellas de nuevo. Les molestaré con otra faceta que marca una mayor diferencia entre Torres y el común de los futbolistas: su imagen, un glamour desconocido hasta el momento en nuestro deporte y no me hablen del fenómeno Julen Guerrero, que forma parte de la prehistoria en lo que a márketing futbolístico se refiere. Beckham abrió una senda que ha descubierto un mundo de luz y de color (y de euros) a jugadores y clubes. Todos quieren ser fashion, acaparar portadas de revistas, ser el vivo ejemplo del hombre metrosexual y hacer un negocio redondo con su imagen.
Fernando, uno de los futbolistas con la cabeza mejor amueblada que conozco, nunca ha ocultado su interés por esta vía y se ha volcado en ella sin caer en los vicios galácticos que, a menudo, lleva unida. Salgan a la calle y le verán anunciando vaqueros, torso desnudo y sombrero de cowboy, en las paradas de bus. Pongan la tele y aparecerá en vídeos musicales y spots varios. Se trata de un talento natural, lo que ha apartado de ese camino a futbolistas igual de buenos (piensen en Raúl). Es un chollo que multiplica por mil su valor para el Atlético, vendiendo imagen al margen de las contingencias deportiva. Torres tiene el don y el club no puede perderle. Pese al despilfarro de Abramovich, ni mi hermana ni su equivalente londinense reconocerían a un jugador del Chelsea que les preguntara la hora. Prueben a cruzarla por la calle con Torres... Mis castos ojos y oídos no lo soportarían.




