Yo digo Fermín de la Calle

El Cid cuelga las botas

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Cinco: Garay, Obdulio Varela, Rattin. Y Mauro da Silva Gomes. Jerarca del mediocampo de Brasil y del Deportivo. Nacido futbolísticamente en el Guaraní, llegó al Bragantino en un traspaso multitudinario junto a cinco compañeros más. Fue descubierto por casualidad por Carlos Ballesta, mano derecha de Arsenio Iglesias. El técnico se encontraba en Brasil siguiendo a varios jugadores. Uno de ellos fue eclipsado por un joven mediocentro rival llamado Mauro Silva en un encuentro con Ballesta de testigo. Aquella actuación no pasó inadvertida y el hoy entrenador del Lugo regresó de Brasil con el jugador. De eso hace ya trece temporadas.

Concluido este esbozo, conviene recalcar la trascendencia de Mauro en el juego del equipo. Su titánica presencia produce un efecto reafirmante en sus compañeros. Algo casi terapéutico. Es una especie de gurú, de profeta, de líder espiritual cuya dimensión balompédica transgrede los límites físico-técnicos. Una suerte de Cid Campeador. El Rodrigo Díaz de Vivar de Riazor. Mauro abarca con su bonhomía cualquier resquicio del campo, cualquier expectativa de los suyos. Amigo y caudillo, su concurso dispara las prestaciones de sus compañeros. Alguien que arenga aconsejando. Que grita hablando. Y todo ajeno al estallido mediático que asola al fútbol. Cómplice de pachangas de Lula da Silva, desde hace un par de años ayuda a Lendoiro a rastrear el universo futbolístico en busca de su sucesor. Mauro señaló a su compatriota Renato, pero Monchi ya lo había reclutado para las filas sevillistas. El 29 de mayo, la numantina Soria será testigo de su adiós. Mauro Silva, el mediocentro, el cinco, el Cid Campeador de Riazor, cuelga las botas a final de este curso. Su sorda dictadura en la medular toca a su fin.

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