El percebe se ha exprimido
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Después de esta derrota me asalta una duda que nunca nadie ha logrado despejar de mi cabeza: ¿En qué momento de la derrota uno se da cuenta de que está perdiendo la guerra y no una simple batalla? Sin caer en el alarmismo, hay que apuntar que lo ocurrido anoche en Mónaco delata un problema mucho más trascendente que la simple pérdida de los tres puntos (y el último puesto en la tabla en esta primera liguilla de la Champions). Retrata una situación preocupante. Dos a cero a los diez minutos (sin entrar a valorar si el primer gol monegasco fue logrado en situación irregular) denota que este equipo ha perdido su identidad. Este Deportivo no se viste por los pies. No se arma desde atrás.
Son contados los partidos de esta incipiente temporada en los que el equipo se ha marchado imbatido. La ausencia de dos pesos pesados (Nourredine Naybet, en Londres, y Mauro Silva, en su casa lesionado) ha revelado que el vestuario padece una galopante anemia de líderes. Esto acaba de empezar y ésa puede ser la mejor de las noticias. O la peor. ¿Quién sabe? El Deportivo debe acudir a la receta de temporadas anteriores: repudiar la modestia, trabajando desde la humildad. Es tan malo subestimarse como sobrevalorarse. Pero este año se acabó el jamón y el percebe se ha exprimido. Mucho hay que mejorar para dar la vuelta a esta situación tan desesperante.



