Solamente el mejor en lo que hace
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Es curioso el caso de Vieri. Estamos tal vez ante el carácter más bohemio del cuadriculado fútbol actual y, cuando se le analiza como jugador, nada está más de su parte que los fríos números. El hombre que no aguantaba más de 12 meses en la misma ciudad, que no podía controlar sus impulsos nómadas que le llevaron a pasar por nueve ciudades distintas en otros tantos años, era luego un frío asesino dentro del campo, un tipo que realizaba su trabajo con cierto aire funcionarial. Era, como Lobezno en la Patrulla X, simplemente el mejor en lo que hacía. Y lo que hacía era meter goles, enamorar a una afición y huir, dejando a mil hinchadas soñando durante años en lo que sería su equipo si Bobo siguiese allí. Eso hizo en al Atlético: 24 partidos y otros tantos goles. Algunos históricos, como aquel desde la línea de fondo al PAOK, y otros inútiles, como los cuatro al Salamanca en una derrota por 5-4, pero todos fundamentales para hacerle un hueco en el santoral rojiblanco.
Por una de esas curiosidades del destino, Vieri se asentó en el club que más estrellas ha devorado en la última década. El mismo Inter que resultó un suplicio para Bergkamp, Ronaldo, Baggio o Pirlo, ha sido su hogar más estable, pero todo tiene un límite. Ahora, Adriano (el primer delantero al que uno puede comparar con el Ronie del Barça sin sonrojarse) le ha enseñado la puerta de salida y a Vieri le ha faltado tiempo para desempolvar la maleta. Sólo le faltaba decidir el destino y la respuesta era sencilla: ¿cuál mejor que el Calderón? Ahora debe entender que allí le espera otro Niño que admite símiles estratosféricos. Si lo asume, los números volverán a estar de su lado. No puede evitar marcar goles. Después se habrá ganado huir donde le dé la gana.




