Pablo ganó el partido
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Lo de Pablo Ibáñez ante el Villarreal fue una hermosa lección de cómo un central es capaz de ganar un partido. Paró a José Mari, achicó a Forlán y sacó la pelota con un criterio impropio de su juventud. Junto con Leo Franco salvaron una cita más que comprometida y sin tener que utilizar nunca el patadón. El olfato de Ferrando ha funcionado y el Calderón tiene un central de auténtico lujo. Siempre procura tapar los agujeros de su gente y se ha convertido en el mariscal para las defensas rivales. Está pidiendo paso en la convocatoria de Luis y rompe el molde de los centrales españoles en el sentido de acogerse al balonazo como recurso técnico. Su fortaleza permitió al Atlético irse al ataque con confianza para evitar cualquier susto.
Pese a la victoria, los rojiblancos necesitan recuperar el balón que han perdido ante Barcelona, Levante y Villarreal. El proyecto de Ferrando ilusionó en función de su pretensión de jugar al fútbol. Es cierto que faltaba Ibagaza, que es el socio natural de Fernando Torres, que luchó mucho pero estuvo en un tono bastante gris. Salva fue el salvador, se encontró con un Musampa voluntarioso, pero la orfandad de la derecha deja en evidencia muchas de sus virtudes. Los atléticos siguen sufriendo ante los más débiles y dando la cara ante los grandes. La afición sigue contenta, pero por favor hay que volver a la senda del día de Málaga. No se puede regalar la pelota y aprovechar las asociaciones de los jugones. Es el momento de la reflexión.




