El alivio de la sonrisa de Valerón
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Ni hace una semana este Depor era el Escalerillas ni ahora es el Brasil del 70. Ha ganado tres puntos, ni más, ni menos que eso. Tres puntos, una victoria. La primera. Pero hay formas y maneras. En Bilbao, se ganó realizando un gran juego en el primer tiempo (el mejor del actual curso) y un digno segundo, en el que se supo sufrir ante un rabioso Athletic. Se ganó con suerte, sí, pero la sensación que deja el choque es buena. Quizás porque Juan Carlos Valerón volvió a sonreír, auténtica prueba del algodón del estado del Depor. Fran saltó al césped de San Mamés con el frac y el equipo agradeció esta segunda fuente de alimentación para un bloque acostumbrado a que la pelota corra más que el jugador. Cuando ocurre al revés, malo.
Al final, los tres puntos trajeron consigo una sensación de alivio para el deportivismo. Y en este fútbol, las sensaciones pesan demasiado. Guste o no. Pregúntenle a José Antonio Camacho, que ha abandonado el vestuario galáctico porque le daba la sensación de que se lo tomaban a cachondeo. Y eso que el Real Madrid se encuentra a un solo punto del líder en la Liga. Por eso, las sensaciones son importantes. Pero detrás de las sensaciones hay realidades tangibles. Y mañana llega a Riazor el Valencia, un equipo que vive de la realidad, no de las sensaciones.



