Efectos de la tolerancia cero
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Este año, en cambio, las ascensiones a Aitana, Xorret del Catí y Calar Alto, han bastado para hacer un aclarado, quizá definitivo, en la clasificación. Nadie puede seguir a Heras, Mancebo y Heras en cuanto la carretera se empina. Y no son cimas más duras que las del año pasado. El año pasado, a estas alturas, la Vuelta había subido Ausbisque, Aspin, Peyresourde, Portillón, Bonaigua y Cantó, y finalizado etapas en Cauterets, Plá de Beret y Envalira. Pese a ello, los escaladores no habían logrado imponer su ley: 10 corredores ganaron, o aguantaron, a Heras, Mancebo y Valverde en Cauterets, 11 en Beret y 19 en Envalira, un puerto parecidísimo al de Calar Alto. ¿Se estarán notando los efectos de la tolerancia cero?
Van nueve etapas de la Vuelta. Tres de ellas, de montaña. Al frente del escalafón, tres escaladores. Heras, primero; Mancebo, segundo; Valverde, tercero. Separados por 49 segundos. Menos no cabía esperar después de dos finales y medio en alto. Sin embargo, hasta ahora no era así. El año pasado, sin ir más lejos, después de nueve etapas, tres de ellas igualmente de montaña, el trío Heras-Mancebo-Valverde se mantenía también en un pañuelo: 32 segundos. Pero no eran primero, ni segundo, ni tercero. Tenían por delante a Nozal, González de Galdeano, Beltrán y Frigo; entre medias, a Aitor González; por detrás, a Rasmussen, Unai Osa, Luis Pérez, Scarponi y Cárdenas, a menos de dos minutos y medio de diferencia.




