Los valores no visibles de Raúl
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La ovación del Bernabéu a Raúl es el reconocimiento al guerrero que agoniza en pie tras la batalla. Sí, Raúl no abandonó el campo como un ganador. Se marchó cabizbajo, dubitativo y enrabietado consigo mismo por no sentir las piernas. No sonríe, no está suelto, le han abandonado las musas justo cuando más competencia le rodea. La afición aplaude a Raúl con carácter retroactivo. Más por lo que fue que por lo que ofrece. Hoy por hoy el capitán está ausente, sin acierto, sin chispa. Corre y corre, busca, entra y pelea. Pero se cae, tropieza y patea al aire. No sale airoso de ninguna lucha por el balón y desentona rodeado de maestros del balón. ¿Qué le pasa a Raúl? Es la pregunta que corre por el graderío y se escuchan mil respuestas diferentes. Cansancio, despiste, hastío, complejo, indefinición táctica... Todos acusan y a la vez todos desean su resurrección.
Si Raúl debe jugar o calentar banquillo tiene respuesta clara para Camacho y Luis Aragonés: es titular indiscutible. Si ambos coinciden, por algo será. Visto desde fuera no es tan simple. Cualquiera se decidiría por darle un prolongado descanso hasta tiempos mejores. Sin embargo, algo dice que un Real Madrid sin Raúl bajaría las acciones en bolsa del club. Es decir, el capitán tiene algo no tangible, tampoco cuantificable en goles e invisible para el espectador, que dignifica y da vigor al once titular. Raúl está en un bache físico y despistado ante el balón, pero es el referente sobre el césped para sus compañeros. Siempre se espera algo de Raúl, más o menos vistoso, más o menos genial. Si Camacho y Luis coinciden es el aval que los descreídos de Raúl necesitan para mantener la fe en su juego. Sólo necesita tiempo y gasolina. Déjenle respirar.



