Yo digo Fermín de la Calle

Yo también creí que era Garrincha

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Tenía regate y velocidad, pero mi padre siempre estuvo demasiado ocupado y mis amigos demasiado poco para tomarme en serio. Menos mal. Una fractura de fémur y dos años en silla de ruedas frenaron mi estrepitosa carrera. A mis 31 años soy un voluntarioso lateral que defiende los colores de La Academia de Avellaneda todos los sábados por esos campos de la Galicia de Dios. Pero yo siempre creí que era Garrincha. A él le está pasando algo parecido. Era un buen tipo cuando llegó. Con ese no se qué metrosexual y ese no sé cuanto mediático, pero buen tipo. Javier Irureta lo disfrazó de extremo y nació una estrella. Tanto, que Sáez lo fichó para su Selección y hasta Laporta le hizo carantoñas a su gente. Y ahí se torció todo.

La pelota dejó de ir donde él quería y los defensas ya no eran de algodón. Él soñaba con un Camp Nou lleno de gente coreando su nombre... Y Lendoiro, con millones de euros. Laporta coqueteaba y la prensa destapaba los planes culés. Pero la realidad es que el Barcelona nunca le quiso. Nunca hizo una oferta seria por él. Se le comenzó a avinagrar el carácter. Un día, en pretemporada, le gritó a un técnico: ... porque yo he jugado un Mundial y en una Eurocopa. Jugó media hora, el doble de lo que pedía Warhol. Hasta salió no se qué lagarta en prime time pringándole en un asunto rosa. La prensa deportiva no dio bombo al tema, ¿para qué? Cambió la temporada y el Barça se olvidó de él. Cambió el seleccionador y Luis se olvidó de él. Un día un compañero pidió a otro en su lugar. Y pidió buenos centros. Rebosó el vaso. Lo arregló a palos y emparentó a la prensa deportiva con la del corazón (la de Jesulina y todas esas). Es bueno, pero no Garrincha. Yo tampoco, aunque creía que sí.

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