Yo digo Juan Mora

La Vuelta se equivoca de ruta

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

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Durante tres cuartos de hora, la Vuelta se apropió de la A-68 en su entrada a Zaragoza. No era domingo, ni festivo. Muchas serían las personas que a media tarde tenían la obligación de transitar por esa autovía, que recoge el tráfico de Soria, La Rioja y el País Vasco. Ayer precisamente más que nunca. Tráfico así lo recomendaba en cada boletín radiofónico por las inundaciones registradas en la madrugada. La Vuelta no tomó la A-68 por esa recomendación. La tomó, porque está cogiendo el gusto a las autovías. El año pasado fue la de Andalucía a su paso por La Mancha. Con el peligro que tiene para los conductores que vienen de frente. Inevitable que desvíen la vista y se distraigan ante el paso de la carrera.

El Tour, en cambio, hace todo lo contrario. Cuando corta las carreteras siempre ofrece a los conductores la mejor alternativa: la autovía. Aquí, no. Aquí, lo contrario. La autovía para los ciclistas, y las comarcales, para los conductores. O, como ayer, la autopista de peaje para quien no quisiera esperar. Un ciclista no pinta nada en una autovía. Además de que lo tiene prohibido. Pero bueno, valga como excepción que se trata de una carrera, pero es que ni el pelotón pinta nada en una autovía. Se acomoda y, como no hay obstáculos, tampoco sucede nada. La autovía es lo más contrario al espíritu del ciclismo. Ni curvas, ni subidas, ni naturaleza... ¿Y este ciclismo quiere así recuperar su audiencia?

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