Un camino lleno de piedras
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Si el fútbol bosnio crece al mismo ritmo que la reconstrucción de Sarajevo, hoy lo tendremos crudo. Hace cuatro años, Camacho arrancaba la clasificación para un Mundial aquí. Se ganó fácil y los rivales bastante tuvieron con celebrar nuestra visita. Entonces, el país seguía llorando a sus muertos, levantando lápidas y mirando de reojo al fútbol. Ahora es distinto. Las multinacionales sacan bocado de un despegue económico, la gente ha recuperado la sonrisa. Ahora, ya se preocupan por los atascos en el centro de la ciudad y por ganar en el fútbol. De ahí que se hayan llevado el partido a Zenica y hayan cambiado los autógrafos del rival por los propios. Los bosnios son gente hospitalaria, pero orgullosa. Si se han levantado de una tragedia tan grande, lo de dejar de ser pardillos en las fases de clasificación es pan comido. A Luis no le gusta la carita que asoma por el túnel.
Si a esa recuperación bosnia unimos nuestras dudas, entenderán que estemos en un sinvivir. El seleccionador, además de entrenador, tiene que ejercer de padre, de guardia de tráfico, de relaciones públicas y hasta de bombero. ¡Quién se lo iba a decir a Luis! ¡A sus años, y con sus conchas! Pero está empeñado en ser campeón del mundo y lo va a intentar. Pese a que no se den las circunstancias idóneas, pese a que la Federación no sea el dechado de virtudes empresariales que demanda el fútbol moderno. Pese a todo. Luis, con su inseparable Paredes, con la aportación de un Ufarte que representa el espíritu competitivo y ganador de Brasil. Con eso y poco más. Esperemos que al menos los resultados le acompañen al principio para que los incrédulos empiecen a confiar, los resentidos a claudicar y los jugadores a creérselo. En Bosnia, el trago será duro.




