La penúltima tropelía del 'amic' Villar
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El asunto Camp Nou está desenmascarando a mucha gente. El primero, al soci culé número 27.111, de nombre Joan Laporta Estruch. El president llegó como el Kennedy del fútbol y va camino de quedarse en el Kissinger del balompié. Mal asunto. Prometió fairplay, pero sus inoportunos coqueteos con las cracks rivales y su negativa a cerrar el templo culé para cumplir la sanción no le alejan de ese casposismo ventajista que rodea al palco culé desde hace unos años. Un tufillo repudiado por el seny de una afición muy sensata.
El otro personaje que ha quedado en evidencia, una vez más, es Ángel María Villar. El presidente del fúrgol, el amic de Laporta. En A Coruña se observa con recelo la actuación de Villar en este asunto del Camp Nou porque se entiende, y con razón, que se ha producido un agravio comparativo, un trato de favor. Hace varias temporadas se clausuró Riazor con un partido por culpa de un energúmeno que golpeó en la cabeza a Llonch Andreu con una moneda. Lendoiro acudió a la justicia ordinaria para frenar el cierre del estadio. Villar, indignado, notificó a sus amigos de la FIFA la maniobra. Resultado: 18 meses de inhabilitación para Lendoiro. Pues bien, resulta que el Barcelona de John Fitzgerald Laporta también ha tirado por la calle del medio. Pero hete aquí, amigo mío, que o Villar anda cuadrando las tumultuosas cuentas de su mandato, o va a ser verdad que el Barça es mes que un club (mal que pese a Del Nido). El amic Villar no lo denunció a la FIFA. Otra tropelía más. La penúltima.



