Atenas 04 ha tenido un final feliz
Acabaron los Juegos y acabaron, afortunadamente, sin incidentes. Se pudieron celebrar con total normalidad, pese a los augurios terroristas y al colosal retraso que sufrieron las obras. A la hora de la verdad todo estuvo a punto, todo funcionó, y la irrupción de un espontáneo en la maratón quedará como la anécdota protagonizada por un loco, aunque maldita la gracia que le haría al bueno de Lima, que se tomó con el mayor de los fair play un incidente que quizá le costara una medalla de más valor.
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Que vaya a ser éste uno de los detalles con el que nos quedemos es señal de que todo ha ido bien en los Juegos. Bien para el equipo español, que ha cambiado la decepción de Sydney por un esperanzador resultado en Atenas, susceptible de ser mejorado en Pekín. Bien para la lucha antidoping, pues los 22 positivos son récord y revelan, como afirmó Rogge, no que haya más tramposos sino que la eficacia de los controles es mayor. Y si alguno se ha escapado, no dormirá tranquilo. Las muestras han quedado congeladas.
Lo que se ha echado de menos ha sido un mayor esplendor televisivo. Los Juegos son el escaparate donde las televisiones muestran lo mejor de sí mismas y, en este aspecto, apenas ha habido novedades. Y otras que hubo en Mundiales, como la línea que se desplaza a ritmo de récord en la natación, han desaparecido. En algunos casos, la realización fue pobre. Rivera, comentarista de TVE, llegó a calificar de culo la de mountain bike. Esa realización, como la de ciclismo en ruta, triatlón y marcha, fue encargada a TVE.




