El Calderón vuelve a estar feliz
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Hasta los críticos impenitentes reconocen que ante Villarreal y Málaga han visto más fútbol en el Calderón que en los últimos ocho años. El conjunto de Ferrando tiene asombrado al personal. Simeone y Musampa no se parecen en nada a los fantasmas del año pasado. La defensa con Perea y Pablo Ibáñez no concede una sola ocasión. La sociedad Ibagaza-Fernando Torres enloquece a propios y extraños. Si a estos cambios individuales, unimos a una idea de bloque compacto, con líneas juntas, amor infinito a controlar el balón y dar criterio a las jugadas por las bandas, no es extraño que la afición rojiblanca haya recuperado el color de las grandes ocasiones. Hasta el corazón se acelera pensando que todavía quedan en la recámara Velasco, Luccin, Salva y casi seguro Taddei que deben dar otro salto de calidad. Un proyecto que debe pelear por Champions.
Los recuerdos se amontonan pensando en la llegada de Sacchi y Ranieri al Atlético. Se cambió la genialidad de Kiko por la pelea de Venturín y compañía y se cayó a Segunda. Luego de la mano de Luis y Manzano se apostó por la experiencia y veteranía para recuperar el terreno que se había perdido. Ha sido un calvario que ha tenido que soportar con estoicismo el Calderón, que incluso se acostumbró a la moda de ganar a cambio de aburrirse en las gradas. Este verano parecen que se despiertan de una pesadilla y la gente atlética está agradecida y entusiasmada de comprobar el fútbol de toque, presenciar un regate, un caño, un taconazo con sentido. Empezar bien la Liga es fundamental para ganarte el respeto de los rivales y sobre todo mentalizar al vestuario de que si hacen las cosas bien pueden ganar a cualquiera, con un fútbol de altos vuelos.




