Yo digo Juanma Trueba

La mujer diez y el metrosexual

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Siempre he pensado que las mujeres diez de los Juegos eran las suecas a las que eliminaban en las primeras series de velocidad, convicción que me hizo adicto a estas rondas preliminares a las que nadie presta mayor atención. Sin embargo, la fría estadística nos recordó ayer que la mujer diez de los Juegos es sueca, esto sí era cierto, incluso rubia, pero participa (y gana) en la modalidad de heptatlón, que es como el Grand Prix de Ramonchu, pero a lo bestia. Por si acumulara pocos méritos deportivos, Carolina, que así se llama, es arrebatadoramente simpática y, a ratos, bella.

Digo a ratos porque en los momentos de crispación, su gesto (y su cuerpo) asusta más que enamora y previene ante lo que podría ser un amor improbable, pues un abrazo efusivo de Carolina sería como atropello de una diligencia, por no hablar de otros lances amatorios. Tendencias como la metrosexualidad, el hombre delicado como sustitución del oso grizzlie, no es más que una aproximación a la mujer que nos supera en cabeza y jabalina, un acercamiento por el lado débil, me encanta tu brillo de labios, Carolina, ¿me lo dejas?

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