La chistera mágica de Pesquera
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Dije ayer: Este equipo juega. Este equipo quiere y sabe ganar. Añado ahora: Y además sabe sufrir. Se ratificó, ante el ogro italiano, que tenemos un gran bloque. Pau Gasol y La Bomba Navarro son estrellas que marcan la diferencia, pero no la única referencia. En la chistera de Mario el prestidigitador hay toda una camada de conejos blancos. Está, por ejemplo, Jorge Garbajosa, director de la UCI, cirujano jefe para situaciones límite. O Carlos Jiménez, bombero de guardia para fugas de rebotes. Eso por no hablar de un Calderón cuya vida es sueño desde que aterrizó en Atenas, cada día más alto, más fuerte, más lejos. Ninguno de estos chicos padece el síndrome azul, ninguno de ellos soportó la mejor época de la Nazionale azzurra, cuando nos dejaban siempre con el trasero curtido y las esperanzas rotas. De hecho, el único complejo justificable en los júniors de oro sería el de superioridad, porque la victoria les acompaña desde la cuna. Para ellos no hay rivales ni misiones innacesibles.
Yde Estados Unidos, ¿qué? Pues, con todos los respetos, que sigue siendo el equipo a batir, el favorito, no sólo por calidad, sino por capacidad atlética. Para subir a lo más alto del podio en una gran cita deportiva hay tres condiciones imprescindibles: talento, carácter y fuerza. Al principio, cuando todos están frescos cual lechugas, priman la calidad y la estrategia, pero según avanza la competición, cuando se acumula el esfuerzo, la resistencia física acaba siendo más determinante que la técnica. Y en cuestión de piernas los chicos de Larry Brown son un portento. El único modo de contrarrestarlo es a base de banquillo, de dosificación, de recursos humanos. De chistera.




