Yo Digo Carlos Ayats

Schuster, Sandro y Shearer

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Debe ser eso que tienen las resurrecciones, que aparte de cambiar la historia, vienen a hacer que uno se replantee aspectos trascendentales, léase el de dónde vengo y adónde voy. Sobre todo, para el caso, esto último. Y la culpa es de Sandro. Sí, de ese genio que el año pasado se pasó gran parte de la temporada dándose cabezazos contra el tapón que alguien le puso (igual él mismo) a su brillante lámpara mágica. Ahora, vaya por donde, a Sandro le ha dado por demostrar que tiene fútbol para regalar y se ha empeñado en liar los planes de Schuster, que vino dispuesto a aceptar de buen grado la proliferación a sus órdenes de delanteros de élite y ahora se ve empujado por las circunstancias a poner a uno sólo en ese 4-1-4-1 que cada día tiene más claro, con Diego Camacho de nexo equilibrante y Sandro y Riverinha moving the cotarro, como dice un buen amigo.

Ahora, evidentemente, la pregunta es cómo explicarle a una mente medianamente racional que en breve un recién ascendido pueda permitirse el lujo de tener a Congo (patrimonio del club para Villarroel, incomprensible suplente desde la distancia para Schuster y el crack mediático deseado según la modesta opinión del colombiano), Reggi (pichichi de la pasada campaña y culpable en gran parte del ascenso), Sergio García (con esa preciosa clausulita de 10.000 euros de penalización por cada vez que no sea titular) y Forlán (si Fergie le deja venir) luchando por un puesto. Y si viene Shearer, ¿se imaginan más de 400 goles en la grada? O mejor, ¿a Salva bendiciendo sus años con Benítez? Seamos serios y sentémonos todos a hablar. Si va a haber 4-1-4-1, sobran nueves. Si vienen, que salgan. Toca prevenir, que curar significa que ha habido sangre.

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