Yo Digo Juan Mora

Los Ángeles 1984. Samaranch logró el milagro

Juan Mora
Importado de Hercules
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Cuando en el Coliseo de Los Ángeles, el mismo que había acogido los Juegos de 1932, desfilaron los deportistas para dar comienzo a la XXIII Olimpiada, el futuro se presentaba tenebroso. El olimpismo agonizaba: no hubo más candidaturas a esos Juegos que la presentada. Las ciudades no querían organizar unas competiciones que dejaban unas deudas enormes y que ni siquiera aseguraban la participación de los mejores deportistas del mundo. La escisión de los dos bloques era un hecho. Estados Unidos y sus países satélites no compitieron en Moscú, y ahora el bloque soviético les devolvía la moneda. Y lo que es peor: organizaba unos Juegos paralelos, llamados de la Amistad, para sus propios deportistas.

Había que salvar los Juegos de Los Ángeles como fuera para que el olimpismo no muriera, y se salvaron. Porque Samaranch permitió que los futbolistas profesionales compitieran para atraer la atención del mundo, porque vendió la comercialización a las grandes multinacionales (Coca-Cola, IBM y McDonalds), porque obtuvo de la cadena ABC 16.000 millones de pesetas por los derechos de televisión... y porque apareció un tal Carl Lewis para hacer sombra al mismísimo mejor atleta de todos los tiempos: Jesse Owens. Los Juegos estaban salvados. El impulso de Samaranch resultó definitivo. Como también lo fue para el 1.500 español la medalla de Abascal. Una medalla olímpica, por fin, de ley.

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