La promesa de un nueve de palabra
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Allá por 1989, cuando Diego Forlán apenas contaba con diez años de edad, una tragedia familiar marcó su vida. Alejandra, su hermana mayor, sufrió un grave accidente de tráfico en el que perdió a su novio Gonzalo y que la condenó (tras cinco meses conectada a una máquina de respiración artificial) a vivir el resto de sus días en silla de ruedas. Tanto impresionó el golpe al joven Diego que allí, en su Montevideo natal, prometió a sus padres que llegaría a ser futbolista profesional para ayudar a pagar los elevados gastos que costaba el tratamiento de su hermana. Así, a base de coraje, garra y trabajo, aquel joven uruguayo empezó a hacerse un nombre en el equipo más laureado de América, Independiente. En El Rojo, popularmente conocido como El Rey de Copas (ha ganado, entre otros muchos títulos, siete Libertadores) Forlán emergió a base de goles.
Pero Forlán, al que el Manchester firmó el 22 de enero de 2002 como una apuesta personal de Ferguson, no es sólo corazón. Rápido y extraordinariamente ágil, Forlán tiene la habilidad de estar siempre en el sitio adecuado. Tras años de luchar por un sitio con los mejores (Sheringham, Solskjäer, Van Nistelrooy...), la llegada de Saha, Alan Smith y, posiblemente, Rooney, junto con la continuidad del deseado delantero holandés, le han cerrado las puertas de Old Trafford (al menos momentáneamente) a un goleador de primer nivel. Si Schuster quería asegurarse goles, la llegada de Forlán se los va a garantizar. Cosas del destino, Diego, un amante del Mediterráneo, ya tenía desde hace tiempo una casa en Valencia (su hermana está viviendo en Mallorca). Le vendrá bien, porque el Levante le espera con los brazos abiertos. Suerte, Diego.



