México 1968. Las marcas fueron del siglo XXI
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Los 2.300 metros de altitud a los que se celebraron los Juegos de México facilitaron la consecución de récords fantásticos en las pruebas que exigían un esfuerzo breve pero intenso: menos de 10 segundos en los 100 metros, de 20 en los 200, de 44 en los 400, ¡8,90 en longitud! Apareció también el fostbury-flop, que revolucionó el salto de altura. Los efectos de la menor densidad del aire, junto con los beneficios de correr sobre un novedoso material sintético (el tartán) que favorecía tanto el agarre como el impulso, provocaron que pronto se olvidaran los problemas con que comenzaron los Juegos. Falta hacía. Dos semanas antes, el ejército había masacrado a los estudiantes que se manifestaban en la plaza de las Tres Culturas.
Eran tiempos revueltos. Martin Luther King y Robert Kennedy habían sido asesinados, China vivía una sangrienta revolución cultural, los universitarios tomaban París, Moscú aplastaba Praga y en Estados Unidos se sucedían las manifestaciones en defensa de los derechos civiles. Los Juegos no podían ser ajenos a esta situación y, entre la borrachera de récords, apareció la reivindicación de Tommie Smith y John Carlos, quienes sobre el podio levantaron el puño, enfundado en un guante negro, y bajaron la cabeza mientras sonaba el himno de Estados Unidos en un gesto que denunciaba el racismo de su país. Fueron expulsados. La politización del olimpismo ya era una realidad. Lo peor estaba aún por llegar.




