Fue un equipo de artistas
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En Japón no les contratan por un pico para que enseñen disciplina de equipo, presión y agresividad. Les forran de millones para ver las virguerías de Zidane o las arrancadas de Ronaldo, los regates de Figo y las cucharas de Raúl. Bueno, también pagan por inmortalizar los tatuajes de Beckham y su sonrisa de niño bueno. Pero Camacho, mientras los orientales se divierten con todo eso, necesita ir formando un verdadero equipo. Y eso apareció por primera vez ayer. Solidez desde el primer minuto, ausencia de regalitos en defensa, agresividad a la hora de robar el balón, circulación de éste en cada jugada de ataque, desmarques, combinaciones al primer toque. El espectáculo no está reñido con el juego colectivo. Es más, si mandas en el partido, acaban apareciendo tres o cuatro perlas de recuerdo imborrable.
El Madrid, además de hacer caja en su último partido en Tokio, dejó la semilla para futuras giras. Los cuatro goles que marcó no los hubiera mejorado un guionista de cine contratado por Florentino Pérez para mostrar la grandeza de los suyos. Fueron cuatro pequeñas obras de arte. Refinadas, sutiles, vistas otras veces pero con pequeñas variantes. Zidane haciendo una especie de media ruleta, Ronaldo encarando al portero tras un control con el exterior de la rodilla, Figo aprovechando sus habituales amagues para ajustar un balón al palo y Morientes regresando a sus orígenes del nueve que está para empujarla tras una gran jugada de equipo. Lo mejor del festín es que llegó acompañado de trabajo. Y ahí destacó Beckham, que olvidó su faceta de modelo y salió con las pinturas de guerra.




