Tokio 1964. Larysa Latynina, la heroína
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Llegan los Juegos por primera vez a Asia. Tokio reunía las condiciones para ser una buena anfitriona al haberse situado a la cabeza de la tecnología. El mundo, además, estaba en deuda con Japón después de los atroces bombardeos sufridos en Hiroshima y Nagasaki el 6 de agosto de 1945. El encendido de la llama fue todo un homenaje a la paz y a la concordia al ser protagonizado por Yoshinori Sakai, nacido en Hiroshima el mismo día en el que la bomba atómica devastó la ciudad. Nadie dio la espalda a estos Juegos y de nuevo se superaron los 5.000 participantes, procedentes de 93 países. Únicamente hubo un veto a Suráfrica debido a su política segregacionista. Se estrenaron dos deportes: el judo y el voleibol.
En esos Juegos surgieron las primeras dudas sobre el auténtico sexo de algunas participantes de los países del Este. La rusa Tamara Press, ganadora en peso, disco y pentatlón, desapareció de las competiciones al año siguiente sin dar explicaciones; ese mismo año la polaca Ewa Klobukowska, bronce en 100 metros, no pasó un control de sexo. Fue, sin embargo, una gimnasta rusa, Larisa Latynina, quien en esos Juegos pasó a la historia del olimpismo al ganar 18 medallas -nueve de ellas de oro- en el curso de su carrera, a razón de seis en cada uno de los Juegos en los que participó. Su récord de 14 medallas en pruebas individuales también parece inalcanzable. Es, desde entonces, la mayor heroína olímpica.




