Schuster y su Levante de jugones
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A escasos minutos de abandonar Biescas, multitud de sensaciones me asaltan dibujando el ilusionante futuro del Levante en Primera. A esta paradisíacamente acogedora localidad del Alto Gállego oscense llegaron hace ocho días un bloque curtido en Segunda, cinco jugadores destinados en principio a liderar el filial en Segunda B, siete caras nuevas para apuntalar un sueño y un alemán con cara de pocos amigos que hizo arte del fútbol durante casi dos décadas en cada estadio que pisó. De Biescas se fue ayer un equipo con mayúsculas, con el (con toda justicia) venerado teutón a la cabeza de un conjunto que ha acogido con los brazos abiertos a los nuevos, consciente de querer afrontar la batalla con el mejor ejército posible. Un equipo talentoso, ambicioso, ilusionado y capaz, con todo para seguir haciendo crecer el sueño.
Aún así, buscando los héroes de Biescas sólo me salen jugones (Sandro, Harte, Yago, Luismi Loro, Rivera...) y, viendo la idea de fútbol de Schuster, me asalta una peligrosa duda. El alemán, amante del fútbol de calidad y alta escuela (sus entrenamientos nunca olvidan el balón), viene dispuesto a mandar en los campos de Primera con un recién ascendido, a tener la pelota, a quererla, a ganar divirtiendo. ¿Será eso posible? Charlando con él antes de partir, me asegura que sí, que lo es. Lo logró con el Xerez y quiere hacerlo ahora con el Levante. Los jugadores alucinan con él, les impresiona cada palabra, cada gesto, cada toque, porque Schuster es un mito al alcance de su mano. Por eso, porque saben de lo que es capaz, todos le creen. Su seguridad es la luz de un equipo con poder para dar que hablar. Así, yo he decidido rendirme. Schuster dice, yo creo.



