El Calvo, Zapater y la Gamba
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Una vez en casa, y después de quince días viendo las mismas caras, uno pone en duda muchas cosas; como que si al Zaragoza le falta verdaderamente gol, como que si el Movilla deseado puede ser Alberto Zapater, como que si sería más apasionante darle minutos a gente de la casa que tratar de fichar a jugadores que llevan años llenando de dudas a todos los que siguen en este mundillo de locos. Entiendo a Herrera y Pardeza, auténticos triunfadores del verano. Campeones por el hecho de haber predicho la marcha de Dani por la tozudez económica, ganadores por haber dado pocos nombres y buenos en una lista privilegiada de refuerzos. Ahora bien, si finalmente todo se eterniza tanto y el agotamiento físico y mental llega a tal extremo, ¿no sería mejor cambiar el rumbo? Pregunto, es sólo una pregunta. Nada más que eso, que nadie se lo tome a mal.
El título de hoy contiene tres conceptos. Uno, el Calvo. Es Movilla, el deseo de todos y el que pone a la afición en un brete. Movilla vendrá, seguro, porque si no sería demasiado. Pero puestos a ser ocurrentes, ¿por qué no le damos oportunidades de oro a Zapater? Seguro que Víctor Muñoz se las daría, La Romareda lo entendería, y el Zaragoza seguiría adelante en la UEFA, la Liga y la Copa. No es porque Zapater sea Mauro Silva, pero es que un equipo no se hace con un jugador, y Víctor tiene ahora un equipo de verdad, un grupo unido. Pasemos a la Gamba, que no es otro que García Granero. Él, como otros muchos, representa el desparpajo del que se atreve a pegarle un caño a su propio entrenador en el minuto uno de su primer partidillo de entrenamiento. Caminará siempre este chico. ¿En el Real Zaragoza? Sería cuestión de apostar.



