Hay más equipo de lo que vemos
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Embargado por el paradisíaco ambiente de la localidad oscense de Biescas, el Levante de Schuster prepara su irrupción en la élite nacional. Enfrascados en constantes discusiones, los medios desplazados valoramos minuto tras minuto cómo puede ser la temporada más esperada, cuál es el verdadero nivel de los jóvenes, de los nuevos, si Schuster será tan buen técnico como excepcional futbolista. Y, sinceramente, contra el victimismo eterno del levantinismo, contra la inexperiencia en Primera de muchos jugadores, contra las dudas sobre la rodilla de Mjällby, contra los cenizos empeñados en no ver en Harte el lateral deseado por muchos grandes no hace nada y contra los que echan en falta un delantero de verdaderas garantías para asegurar la quincena de goles en la Liga de las Estrellas, yo, por una vez, soy tremendamente optimista.
Qué por qué? Porque veo mucho más equipo de lo que España espera, porque creo que la impresionantemente ambiciosa mirada de ganador de Rivera, en el poder de un bloque de Primera que el año pasado impuso su ley en la selvática Segunda, en la calidad de un Juanma destinado a dar mucho que hablar, en la zurda de ese tímido irlandés de Champions que tan sólo tiene 26 años y, por encima de todo, porque me pasa como a Diego Camacho, Schuster me transmite ilusión, trabajo, seguridad y ambición, la mezcla perfecta para combinar un cóctel explosivo, para enseñarle a este país que el Levante no está aquí de paso, que viene para liarla. Es cierto que a este equipo le falta la guinda arriba, el nueve que no perdone, el crack devastador, pero no temamos el futuro inmediato. Vamos a sufrir (¿eso es nuevo?), pero estamos listos para la guerra. Al tiempo.



