París 1924. La edición más inmortalizada
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Nunca pudo imaginarse el barón de Coubertin que aquellos segundos Juegos celebrados en París se recordarían más por su aportación al cine que por su organización. Los Juegos, la verdad, no fueron un éxito. Aún permanecían abiertas las heridas de la guerra. Alemania no participó y el equipo italiano de esgrima se retiró de la competición al son del himno fascista. Hubo campeones destacadísimos. Por encima de todos, el finlandés Nurmi, ganador de los 1.500 y 5.000 en menos de una hora, además del cross y los 3.000 metros individual y por equipos; su compatriota Ritola tampoco pasó desapercibido, con cuatro oros y dos platas. De Weismuller también se habló; de Abrahams, menos; de Lidell, casi nada.
Pero resulta que Johnny Weismuller acabó siendo Tarzán, y Harold Abrahams y Eric Lidell, los personajes protagonistas de la película Carros de fuego, inspirada en los Juegos de 1924. Weismuller fue mejor nadador que actor, pero logró mayor popularidad en su segunda faceta. El reconocimiento como colosal nadador le vino cuando en un mismo día ganó los 100 y los 400 libres; también fue uno de los medallistas del equipo de 4x200 y de waterpolo. Llegó a establecer 28 récords del mundo y el de 100 yardas lo tuvo durante 17 años. Cuando se retiró se presentó a unas pruebas para hacer de Tarzán y fue el elegido entre 150 candidatos. Rodó 12 películas hasta 1948 y su fama se hizo entonces universal. Tarzán era mucho Tarzán.




