Amberes 1920. No hubo tregua y sí rencores
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En 1916, el mundo ardía en guerra. Esta vez, los Juegos, que habían sido adjudicados a Berlín, no sirvieron de tregua. Es más. La guerra dejó rencores y cuando se restablecieron en 1920, Bélgica no invitó a dos países invasores, Alemania y Austria, pese a las buenas intenciones del COI de unir al mundo bajo su bandera de cinco anillos entrelazados, estrenada precisamente en los Juegos de Amberes, y donde también por primera vez los participantes realizaron el juramento olímpico. Fueron los Juegos de Zamora, Samitier, Pichichi, Izaguirre y compañía, pues se trajeron la medalla de plata en fútbol. No fue la única. De la Maza, De San Miguel y Álvaro y José de Figueroa, aristócratas todos ellos, se trajeron otra en polo.
En los Juegos no había clases, y ése era uno de sus éxitos. Participaban con éxito gentes de todas las condiciones y edades, que el tirador sueco Swahn, ya campeón olímpico en 1908, volvió a subir al podio con 72 años. A la participación de condes y marqueses también se unía la de multimillonarios; uno de ellos fue John Kelly, doble campeón olímpico en remo, padre de un también medallista olímpico, pero más conocido por haber sido progenitor de Grace Kelly que por su buen hacer en el skiff. Y en aquellos Juegos ya se demostró que la natación era deporte propicio para el acopio: Ethelda Bleibtrey (EE UU) nadó cinco pruebas entre series y finales de 100 y 400 libre, más el 4x100, y estableció cinco récords mundiales.




