Estocolmo 1912. Quizá el mejor atleta de siempre
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El deporte está lleno de grandes héroes. Imposible decir cuál fue, o es, el mejor de todos ellos. Pero hubo uno, el estadounidense Jim Thorpe, que lo fue sin discusión en su época. El rey Gustavo V de Suecia, así lo proclamó en la ceremonia de premiaciones de los Juegos de Estocolmo de 1912: Señor, usted es el más grande atleta del mundo, le dijo. Thorpe había ganado todas las pruebas del pentatlón y del decatlón con una colosal superioridad. Gracias a esos Juegos, el nombre de Thorpe traspasó todas las fronteras. De lo contrario, su figura nunca se hubiera extendido fuera de Estados Unidos, donde también jugó al béisbol y al fútbol americano. Su físico privilegiado le permitía destacar en todos los deportes.
La decisión del COI de retirarle del palmarés de campeones al conocer que había cobrado 15 dólares semanales por jugar en las ligas menores de béisbol, no logró hacer olvidar sus hazañas. Todo lo contrario. Su mito fue creciendo y, con el tiempo, aquella decisión se fue haciendo más injusta. Hasta que en 1982 el COI decidió restituir, a título póstumo, los honores que había quitado a este hombre, nacido Wa-tho-huck (Sendero Luminoso) en el seno de una tribu india. Él fue quien engrandeció a unos Juegos, por otra parte, de esfuerzos colosales. Hubo una carrera ciclista de 320 kilómetros y una final de grecorromana que duró once horas. El boxeo, sin embargo, no se celebró. En Suecia se consideraba excesivamente duro.




