El Madrid vuelve por la gatera
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El Madrid podía ser un justo acreedor a esa plaza, pues si no va el campeón, que vaya el subcampeón. Pero las normas no dicen eso. Dicen que la plaza se asignará a quién reúna más méritos entre un grupo de aspirantes. Uno era el Pamesa, cuyo balance se ajusta a las condiciones requeridas (mejor palmarés en los últimos cuatro años, mejor pabellón, más espectadores). Pero el Pamesa retó a la Euroliga hace sólo unos meses cuando se negó a viajar a Israel. Ahora lo paga. Y el Madrid entra en Europa, por segunda vez consecutiva, por la gatera, que ya jugó hace un año la ULEB por invitación directa. De esta manera se le paga el silencio que guarda cuando en España se le ningunea.
El baloncesto de clubes, llámese Euroliga, ULEB o ACB, que todo viene a ser lo mismo, tiene montada tal estructura que, al final, su poder en los despachos es total. Así, los dirigentes de estas competiciones hacen y deshacen a su gusto. Los clubes lo saben y se muestran sumisos, no sea que la rebeldía les cueste un disgusto. La última decisión de la Euroliga ha sido incluir al Madrid en su competición. Había quedado vacante una plaza, la del campeón de la ULEB, no porque el Hapoel renunciara, sino porque los omnipoderosos dirigentes consideraron que su pabellón no tenía categoría para la Euroliga. Así que, a dedo, se la han dado al Madrid, cuyo pabellón no es que sea malo, es que ya ni lo tiene.




