¿Carne o pescado?

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Míchel y Butragueño eran los dos empollones futbolísticos de la Quinta del Buitre. Sanchís siempre estaba con sus libros de Empresariales en el Hotel Monte Real, Martín Vázquez tenía su cabeza ocupada por inquietudes que iban más allá del fútbol y Pardeza bastante tenía con devorar los libros de Milan Kundera y Umberto Eco. Sin embargo, el Buitre y Míchel estaban siempre a la última, se sabían los fichajes estelares de todos los grandes del fútbol europeo y no les costaba en exceso rememorar la alineación de España en Belgrado en el famoso partido del gol de Rubén Cano (1977).
Por eso veo en Míchel una solución a nuestros problemas de identidad con la Selección. Cuando Clemente decidió jubilarle a él y a Butragueño tras un partido con los irlandeses en Sevilla (0-0), Míchel rebatió a Javi su filosofía demagoga: Necesito otro tipo de futbolistas, que jueguen a otra velocidad. El madrileño intentó explicarle que ante Irlanda, defensa rocosa y pressing a todo trapo, un jugador que quiera abrir el campo con calidad técnica siempre tendrá problemas. El caso es que supo razonar, con argumentos futbolísticos, lo que él consideró una injusticia. Por eso, el futuro ayudante de Luis da en el clavo cuando en la conversación con Guasch se refiere a Ernesto Valverde o a Rafa Benítez. Ellos también fueron novatos. Estudiaron, perfeccionaron su método y esperaron su momento. Míchel hará un máster de psicología en una Selección que parece una jaula de grillos. Quizás él sea el que coordine esa sentada que proponía Luis Aragonés para definir a qué queremos que juegue España. Yo pongo mi granito de arena: recuperemos el espíritu de Querétaro. Pero Míchel tiene razón. Luego se habló de furia española y no de fútbol de orfebrería ante los daneses. En realidad, no sabemos si pedir carne o pescado.



