El paciente estilo de Lissavetzky
Jaime Lissavetzky compareció durante cuatro horas ante la comisión de Educación y Ciencia del Congreso. Tan larga comparecencia de un secretario de Estado para el Deporte no se recuerda. Hizo gala de una paciencia infinita en el tono y en las formas, verdad es que sin esfuerzo porque ése es su talante, ante las preguntas de CiU, IU, Grupo Vasco, Esquerra y PP, formuladas por este orden. Los partidos nacionalistas pusieron enseguida sobre la mesa el tema de la representación internacional de las selecciones autonómicas, que es uno de sus caballos de batalla. Para ello precisamente había solicitado CiU la comparecencia de Lissavetzky.
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Lissavetzky afrontó la cuestión por activa y por pasiva, desde todos los prismas posibles, y llegó a admitir incluso que, dados los diversos planteamientos que presenta la reivindicación de las selecciones autonómicas -el deportivo, el político y el jurídico-, el tema exige un debate de mayor calado, por encima de las capacidades del propio Consejo Superior de Deportes que preside. Porque, no nos engañemos, la aspiración del Grupo Vasco no se detiene en el reconocimiento internacional del sokatira, ni la de CiU en el del hockey patines. Maldonado, portavoz de CiU, reconoció que la auténtica aspiración es la de tener un Comité Olímpico Catalán.
Estas aspiraciones tienen, sin embargo, un obstáculo. Y ese obstáculo no es Lissavetzky, ni el Gobierno, ni la Ley del Deporte, que lo son, pero mucho más lo es el hecho de que los deportes olímpicos sólo admiten a aquellos que representan a las comunidades internacionales reconocidas por la ONU. Y la mayoría de los deportes no olímpicos, también, pues para estos casos aplican la Carta Olímpica. Lo extraño es que tan contundente argumento que zanja toda discusión, al margen de la particular de los deportes autóctonos, Lissavetzky no lo utilizó hasta pasadas dos horas y cincuenta minutos. Antes prefirió dialogar y convencer. Es su estilo.




