Wimbledon cubierto, ya
En el tenis, el vuelo de una mosca es capaz de desconcentrar al jugador más templado. Por eso en el tenis hay que estar como en misa: calladito y sin moverse. Suena un móvil en la pista y el despistado será fulminado con la mirada de los tenistas, si no expulsado por los servicios de seguridad. Lo de la concentración en el tenis debe ser verdad, por eso a muchos jugadores se les encoge el brazo a la hora de ganar, y por eso en la Copa Davis se hace tan difícil superar una eliminatoria fuera de casa, porque en esa competición se puso de moda que el público tomara partido y, desde entonces, se han llegado a tirar sillas a la cancha.
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Cualquier interrupción es motivo de desconcentración. Por eso cuando a un jugador le van mal las cosas, le suele dar un apretón y, como en el cole, pide permiso para ir al servicio. Más socorrido es que le duela el dedo meñique de un pie y solicite la presencia de los servicios médicos para que se lo examinen. No es mala treta: el aplazamiento sirve para cortar la racha del rival. El parón de un partido pone a un jugador de los nervios. Pues resulta que los parones en Wimbledon están a la orden del día. La interrupción por una causa natural como es la lluvia influye en los dos jugadores, perosuele afectar más al mejor. Es quien más tiene que perder.
Llover, siempre ha llovido en Londres. Y jugar, siempre se ha jugado al tenis en Wimbledon. Pero mientras que la lluvia sigue siendo la misma que hace un siglo, el tenis de ahora ya no es el mismo. Ahora el tenis es un espectáculo, con su público, con sus cadenas de televisión, con sus fechas de partidos. Cualquier aplazamiento supone un problema para todos. Ayer la jornada se interrumpió por tres veces y por espacio de casi tres horas. Que ponen la lona, que la quitan, que montan la silla del juez, que pelotean los jugadores... Y todos esperando. Por eso no es de extrañar que Wimbledon estará cubierto en 2009. Pero faltan ¡cinco años!




