Loncar contra la URSS
Podía haber sido en Zadar, Sibenik o Belgrado, pero fue en el coliseo de Carabanchel: a partido ganado, Loncar guardaba el balón ante Ilievski, que le acosaba por ganas de molestar. Loncar, ganador, le dijo a Ilievski, perdedor, algunas cositas, en serbocroata se supone, sobre la sirena. Antic, también entrenador de baloncesto, miraba satisfecho a su yerno: nunca se ha parecido más un triunfo del Estudiantes a una selección yugoslava.
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Dirán ustedes: Bodiroga juega en el Barcelona. Correcto, pero déjenme que les compare: si el rebelde Estudiantes del millón de decibelios, de Pepu, Azofra, Loncar y la familia Antic se parece a Yugoslavia, este Barcelona de Pesic es una versión de la vieja Unión Soviética. Bodiroga me recuerda a aquellos altísimos rusos hacelotodo, torres versátiles como Myshkin o Lopatov. Torres al fin y al cabo. A Bodiroga se le puede rebajar con defensores que combinen altura y rapidez. Lo que hacen los colegiales.
Si Estudiantes combate con la garra de la mejor Yugoslavia, el Barça de Pesic se blinda con el tonelaje de la antigua URSS: Bodiroga, Femerling, Fucka y Dueñas. Si Dueñas está bien, el Barça es bosque de acero: imprime un ritmo de hasta 10 tapones en 40 minutos, como en las semifinales. Irresistible. Y nadie puede correr, nada más que al timing que distribuyen Bodiroga y Pesic. Estudiantes quiere correr. Volar para ganar, dirían Pepu, Loncar, Azofra y Antic. Enfrente, el reino del tapón, el imperio de Dueñas.




