El espíritu de Valentino
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Todos con Sete. Y con Pedrosa, Barberá, Elías, Checa, Fonsi y cada uno de los españoles. Esa es la consigna. Lo pidió el propio Gibernau en Mugello: Ojalá me apoyen a mí en Montmeló como a Rossi en Italia. Hay que hacerlo, porque es verdad que el aliento de la afición puede dar alas a un piloto, aportarle esa motivación añadida que le acerque al objetivo de la victoria. Es un aliciente valioso. Pero al final, los que tienen que dar el callo, conquistar la gloria, son los que van encima de la moto, los que se juegan el tipo por satisfacer su hambre de triunfo y agradar a esas miles de personas que les apoyan. Los protagonistas lo saben mejor que nadie, así que el balón están en su campo, les toca jugarlo con maestría...
Y como Sete pidió el apoyo de Rossi, nosotros les pedimos a ellos, a los motoristas, la entrega del italiano. Porque Valentino venció en su casa por coraje y pundonor (al margen de que la lluvia le echara una manita muy oportuna). Con una máquina claramente inferior a la de sus rivales, puso de su parte lo que le faltaba de velocidad punta a la Yamaha. ¿Por qué jugársela así en la cuarta carrera del año? Por orgullo, por reconocimiento a una afición que engrandece su leyenda, por patriotismo si quieren... Hay ocasiones en las que todos, también los campeones, debemos echar en resto. Rossi lo hizo en su país. Y seguro que nuestros chicos tampoco nos fallarán el domingo.




