Atletismo, el trabajo bien hecho

Competir en Pekín no es fácil. No sólo hay que adaptarse a la diferencia horaria de seis horas, sino que hay que superar una alta temperatura y una elevada humedad, que provocan una sudoración constante. La Universiada que se disputa en la capital china llega, además, tarde, cuando ya se han celebrado los Mundiales de todos los principales deportes, como es el caso del atletismo, la natación y el judo. Esta es la razón por la que España no está ganando el número de medallas que sería deseable. Pero, sin embargo, resulta que el atletismo sí está dando la talla. De cuatro medallas, tres son del atletismo. Y aún falta alguna más.
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En competiciones como ésta, a las que se envían equipos B, es donde se puede medir el auténtico potencial de cada federación. Porque ganar medallas en la Universiada resulta tan difícil o tan fácil para unos como para otros. Quitando la gimnasia, donde el nivel fue superior y en la que Carballo se quitó de en medio por una dolencia que dijo tener, en el resto de los deportes subir al podio está teniendo parecido precio. Y mientras unos pasan desapercibidos, otros se llevan la gloria. Todo es producto de lo que tiene cada federación en la trastienda y el empeño que ha puesto, o no, en quedar bien en esta Universiada.
Atletismo sí se lo ha tomado en serio, y como tiene mucho sembrado, puede mandar un equipo con garantías a cualquier competición. Lleva tres medallas de gente muy buena, pero que se quedó fuera de los Mundiales porque la hay aún mejor. De los medallistas de ayer, uno se entrena en Alicante y otro en Murcia. Ya no es necesario estar en el ámbito deportivo de Madrid o Barcelona para destacar. Ni siquiera en la marcha. Por eso comenzamos a tener lanzadores, saltadores, fondistas que no sólo son maratonianos... De Pekín va a salir el atletismo como salvador del medallero y Manolo Martínez, como figura de la Universiada.



