Hacer fácil lo difícil
Rossi fue a disgusto a Japón. No le apetecía mucho correr en Japón, pero tampoco podía hacer ese feo a la solicitud de Honda, la marca que está poniendo a su disposición todos los medios para que se convierta en el primer campeón mundial de las tres cilindradas. Y el 'Doctor' ha refrendando en las 8 Horas que su imagen de piloto travieso, desenfadado y que está de vuelta de casi todo es sólo eso, una simple apariencia.
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Valentino tiene lo que los que saben de esto llaman don de moto. Una facilidad innata, puede que incluso genética, para ir deprisa se suba en lo que se suba, desde la pequeña 125cc de sus comienzos a la extraña cuatro tiempos que este fin de semana ha utilizado en Suzuka. Porque aunque parezca sencillo, y él lo hace, el paso de una dos tiempos a un motor de válvulas requiere algo más de adaptación y aprendizaje que un par de sesiones de entrenamientos antes de la carrera.
Así es como, precisamente, Rossi marca las diferencias sobre la mayoría de sus rivales. Primero, con una genialidad que no se compra en un 'Todo a 100' y segundo, con un pundonor del que algunos deberían tomar buena nota. Y lo hace, además, sin estridencias ni aspavientos, con la naturalidad de alguien que disfruta de un trabajo que es su pasión, incluso cuando viene forzada por un compromiso político y comercial con su marca.




