La noche de... Iker

La promoción televisiva del partido no tenía hueco para otro nombre, Zinedine, ni para otro apellido, Zidane. La locura generada por la llegada a España del mago marsellés opacó en Alicante al resto de un equipo que, por encima de todo, tiene continente y contenido para cambiar de vestido de gala cada noche. El Madrid es algo más que una reunión de individualidades. Y Zidane empezó a comprenderlo anoche en el Rico Pérez, el escenario en el que el Barça de Ronaldo enterró una Liga hace cuatro años.
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La noche de Zidane fue la noche de Iker. A este chaval de perfil cinematográfico y cultura familiar madridista al 100% no le altera nada ni nadie. Ganó una Champions con 19 años parando con la frialdad de Maier, la colocación de Zoff y los reflejos de Arconada, y ahora ha superado una renovación complicada, una suplencia discutible y un impecable partido de César ante el Lausana con una actuación memorable.
Porterazo es aquel que no comete errores, que detiene lo parable y que desvía lo imparable. Casillas sacó matrícula en las tres facetas. Genial en el uno contra uno, ágil en las manos cambiadas y sublime en una intervención a contrapelo y sin tiempo para reaccionar. Bendito dilema para Del Bosque. César, un arquero maduro y sin fisuras. Y Casillas, dueño por méritos propios del dorsal número 1.



