INDYCAR

Indianápolis castiga a Alonso

El piloto asturiano se ha visto perjudicado en todas sus participaciones por diversos problemas de fiabilidad: motor, amortiguadores, embrague...

Indianápolis castiga a Alonso
Mark J. Rebilas USA TODAY Sports

"Habíamos hecho ya la mitad de la remontada, puesto 15 a mitad de carrera, y ahí nos quedamos sin embrague. Cada pit stop era una arrancada manual con mecánicos empujando, a la vieja escuela", escribía Fernando Alonso en sus redes sociales después de la carrera. El piloto asturiano volvió a quedarse con la miel en los labios. La triple corona tendrá que esperar y esta vez tiene cierto sabor a despedida, pues su regreso a la Fórmula 1 le impedirá intentarlo de nuevo en los próximos dos años de contrato firmados con Renault. Otra vez un fallo mecánico le privó de un mejor resultado, algo familiar si observamos las ediciones de 2017 y 2019.

El motor Honda rompe el sueño americano

Su primera participación en el óvalo fue sin duda alguna la más exitosa. La asociación de Mclaren con el equipo Andretti, el más fuerte de la IndyCar, le dio al español uno de los mejores coches de la parrilla, y no desaprovechó la oportunidad. Fue el quinto clasificado en un ‘Fast Nine’ en el que Scott Dixon hizo el segundo promedio más rápido de la historia de las 500 Millas. Aquella participación estuvo en duda hasta el último momento, ya que tuvieron que cambiarle el motor tras detectar un fallo en su unidad de potencia; mal presagio para lo que vendría después.

Aquel domingo 29 de mayo, Alonso se levantó con la mirada de antes, esa que infundía minutos antes de las carreras cuando se jugaba el título en la Fórmula 1. Ya con la visera bajada, el de Mclaren adelantó, arriesgó y el público se lo agradecía levantándose del asiento. El tráfico y los rebufos no fueron problema para Alonso, que llegó a liderar la carrera durante 27 vueltas. Pero las reminiscencias de la Fórmula 1 no tardarían en aparecer. El motor se iba quedando sin potencia, el asturiano perdía posiciones y en la última fase de la carrera, esa en la que se decide el ganador, comenzó a salir ese humo blanco en el monoplaza que sólo puede significar una cosa: el motor dice basta. Alonso se fue caminando hacia el pit lane, los aficionados comenzaron a aplaudirle y él agradeció el gesto. Se había ganado a la gente, a la organización (fue nombrado Rookie del año) y a los pilotos, que al comienzo vieron con recelo su llegada y terminaron rindiéndose a su talento.

Mclaren no está a la altura

El 2019 era el año del regreso tras su exitoso paso por el WEC con Toyota y su marcha de la Fórmula 1. Mclaren era de nuevo el socio elegido por Alonso, pero esta vez con motor Chevrolet por el accidentado divorcio con Honda. Desde el minuto uno las cosas no fueron bien, el coche se mostraba muy nervioso y en las imágenes se podía ver cómo el fondo plano del monoplaza chocaba con el suelo. Para más inri, en los entrenamientos libres tuvo un accidente que le privó de dar más vueltas. Primero por el propio choque y después por la falta de piezas de recambio. El propio Zak Brown tuvo que encargarse del problema. Fue algo esperpéntico.

Con ese bagaje resultaba complicado pensar en un buen resultado y así ocurrió. En la clasificación sólo pudo entrar en la repesca con el 31º mejor tiempo. Al día siguiente, y gracias a un amortiguador suministrado por Andretti, pudo salir a pista. Sin embargo, los milagros no existen y Alonso no pudo clasificarse para la carrera.

Regreso con Mclaren y el embrague

Hasta el último momento Alonso estuvo negociando el regreso con Andretti a Indianápolis, pero finalmente fue con Mclaren. La escudería británica, con el mexicano O'Ward, se había llevado una pole position y un podio, mientras que con Askew había alcanzado otra tercera posición, en sólo seis carreras disputadas. Por fin Alonso tenía un Mclaren en el que confiar.

Los primeros entrenamientos, en los que acabó quinto, parecían darle la razón. Por el contrario, tras su accidente, el coche no fue igual y los motores Chevrolet no se mostraron a la altura de los Honda. La clasificación le situó en el 26º lugar. Tocaba remontar. Alonso volvió a intentar lo imposible, avanzó hasta la 16º plaza, pero el embrague dijo adiós en la recta final. Otro fallo mecánico más que sumar a la lista. Indianápolis le debe una al asturiano, pero tendrá que esperar a otra cuenta pendiente: la Fórmula 1.