MOTOGP I ARÓN CANET

"Me hice una foto y al apretar el abdomen me dio un amarillo"

Arón Canet repasó en los micrófonos de 'Radioestadio del Motor' los enormes sacrificios alimenticios que tuvo que superar en Moto3 para intentar ser campeón.

"Me hice una foto y al apretar el abdomen me dio un amarillo"

"Un nutricionista me dijo que podía estar cinco días en coma". Esta es algunas de las múltiples arduas confesiones que Arón Canet realizó este pasado domingo en los micrófonos de 'Radioestadio del Motor' para precisar los enormes sacrificios alimenticios que tuvo que superar la temporada pasada en el Mundial de Moto3 para intentar cumplir su gran sueño: ser campeón del mundo.

"Sólo pensaba en comer, comer y comer. Me levantaba a las 06:00 de la mañana, me tomaba un café y me iba a entrenar en ayunas. Lo pasaba muy mal. No llegué a tener depresión, porque al final lo que hacía es que por ejemplo iba al Mercadona, me compraba una tableta grande de Milka o de chocolate. Y lo que hacía era coger la bolsa de basura, masticaba la tableta y la escupía. Masticaba y escupía. Para que se me quedara el sabor en la boca y así engaña al cuerpo. Porque era como si me lo comiera en realidad", comenzó a relatar Canet sobre la estricta dieta que tuvo que realizar para intentar rebajar su peso hasta los 61 o 62 kilogramos.

Un impactante relato que el valenciano dio continuidad asegurando que hubo períodos del año donde hasta la merienda sólo tomaba café, agua con gas y Coca Cola Zero, así como su actual nutricionista le llegó a advertir que podía estar tres semanas sin tener erecciones si continuaba con ese régimen: "El año pasado muy poca gente lo pasó tan mal como yo. Nadie, nadie. Yo veía en Instagram a Jaume Masiá, por ejemplo, que se iba al Foster Hollywood y para mí era: '¡Madre mía. Qué deseo, qué placer!'. Sólo por verlo. Porque literalmente, hacia una dieta muy estricta. No comía durante todo el día hasta el día de la merienda, donde me comía queso batido. Y de ahí, a lo mejor por la noche comía dos sándwiches de pechuga con queso. Hasta la merienda, sólo tomaba café, agua con gas y Coca Cola Zero. Hice tres o cuatro dietas. Hubo una dieta que era de flores bach durante todo el día. Otra fue una dieta normal, que era de comer todo el día. Pero con esta sólo pude bajar hasta los 63 kilogramos. Y yo necesitaba más. Es cuando hablé con otra persona y dejé de comer directamente. Yo esto cuando lo hablé con mi primer y actual nutricionista, porque me iba muy bien pero necesitaba hacer barbaridades para bajar de peso, y él me dijo: 'Aron, con este tipo de dieta, ya no es por tu salud, porque puedes estar tres semanas sin tener erecciones... Es que puedes desmayarte y estar cinco días en coma por estas barbaridades' Porque literalmente comía siempre lo mismo, que era entre cero y nada, y lo pasaba muy mal. ¿Qué pasa? Cuando llevas un mes y medio con tanta hambre, el estómago se hace pequeño y ya no tienes ni hambre. Y al mes y medio ya empecé a dormir más o menos bien".

El piloto de Corbera, que consiguió la victoria en los Grandes Premios de las Américas, Repúbica Checa y Aragón 2019 a lomos de una KTM RC 250 GP, admitió que lo más duro de vencer a nivel psicológico era contemplar a su máximo rival por el título, Lorenzo Dalla Porta, comer barbaridades en los circuitos y después ser más rápido que él en las rectas: "Yo no aguantaba nadie en casa. Sólo quería estar solo y que nadie me molestara porque era un Pit Bull. Realmente no me daba cuenta, pero era un Pit Bull. Después de las vacaciones, que a lo mejor no hice la dieta durante cinco días, mi mejor amigo que se había quedado esos días en mi casa me dijo: '¡Madre mía. Cómo cambias!' Cuando estaba con la dieta era super antipático. Y como estás sufriendo hambre, tú sufres por tu objetivo que es ser campeón del mundo. Y que encima no lo logres al final de temporada ya es para pegarte un tiro. A mí lo que me quedaba es que lo pasaba yo tan mal en casa y que luego veía a Dalla Porta, que es una persona pequeñita que para engordar tiene que pasarlo mal. Y veía que comía barbaridades en los circuitos y después en recta me fusilaba. Y me decía: '¡Madre mía!'. O por ejemplo, al principio del año compartí nutricionista con Vicente Pérez. Y eramos dos personas totalmente diferentes. El nutricionista me enseñaba su ficha y me decía: 'Contigo tengo que bajar de 65 a 61. Y con Vicente tengo que subir de 57 a 60'. Él no podía subir y yo no podía bajar".

Un martirio, que se podría calificar como infernal, que tuvo su final en el Gran Premio de Alemania 2019. En Sachsenring, Arón Canet sufrió un desmayo en su motorhome el jueves al mediodía tras salir a correr por el circuito que provocó un gran enfado entre los miembros del Sterilgarda Max Racing Team, tomando Max Biaggi la decisión final de ordenarle parar: "En Sachsenring recuerdo que el jueves salí a correr. Había tomado un café. Antes de salir a correr, que siempre lo hago al mediodía, en pleno mes de julio, me hice espinacas pesadas al gramo y me partí dos trozos por la mitad de una cebolla para hacerla a la plancha. Literalmente. Me fui a correr y cuando volví al box, me entró un amarillo. Un amarillo porque estaba muy muy definido y le dije a un mecánico: 'Hazme una foto'. No había bebido agua aún y a la que hice un poco de fuerza para apretar el abdomen, me tuvo que coger porque me caía. Tras esto, mi técnico del equipo me echó una bronca del copón porque me iba a subir a la moto, me iba a pegar una hostia y hacer mucho daño. Y después es cuando llaman a Max Biaggi y al contarle la situación, me dice que pare y empiece a hacer la dieta que yo quiera. A partir de este momento es cuando comienzo a hacer los períodos intermitentes. Pero he llegado a pesarme hasta nueve y diez veces al día al lado de Max cuando lo recomendable es pesarte tres veces a la semana".

"Me ha sentado muy bien el cambio de categoría. Estos kilos de más no están pagados", admitió Canet nada más aterrizar en Losail para compartir la satisfacción por el ascenso a Moto2 de la mano del Aspar y no estar teniendo que hacer cosas extremas para ser competitivo. Y es que a veces, la felicidad está en las pequeñas cosas de la vida. Como comer.